EL ENSAYO
Texto informativo
El ensayo es la forma de comunicación escrita más usada en todos los ámbitos, gracias a su brevedad y concisión. Pero, pese a esto, no se trata de la forma más dominada por las personas comúnmente. Hacer un ensayo es algo que requiere de una serie de requisitos para su realización, al igual que exige un método que pretende ayudar a crear un escrito en que verdaderamente se efectúe el fenómeno de la comunicación.
Existen varias definiciones de ensayo, dependiendo del autor que la haga, pero casi todos coinciden en decir que un ensayo es un escrito corto, siendo esta su principal característica, que trata un tema, desde diversas perspectivas. Esto da origen al tipo de ensayo que se desee elaborar. Es así como tenemos ensayos argumentativos, discursivos o informativos, como es el caso del que presentamos en esta ocasión. Nos centraremos en informar las características que conforman un ensayo argumentativo, sin pretender hacer de éste un texto tal, sino más bien, dar a conocer las características de aquél, sus requisitos y los pasos para un apropiada elaboración del mismo.
El ensayo argumentativo, comúnmente se le contrapone a otro tipo, llamado digresivo. La diferencia básica entre los dos es que el texto argumentativo, como su nombre lo indica, propone razones que van a favor o en contra de una tesis que se presenta al comienzo y se desarrolla a lo largo del escrito. En cambio, el segundo tipo de ensayo, digresivo, es la opinión absolutamente subjetiva del autor acerca de un tema en concreto. En esa opinión no necesariamente se exponen argumentos basados en teoría, sino que puede darse un espacio para la creencia del creador. Allí la subjetividad se expresa en toda su plenitud. De todas maneras, los dos tipos de ensayo se pueden inscribir dentro del esquema básico que conforma un escrito de esas características, consistente en la estructura de introducción, nudo y desenlace.
En consecuencia, los elementos constitutivos de un texto o ensayo argumentativo son: una tesis u opinión, un dato o argumento en el cual se apoya la tesis, una regla general que conecta lógicamente el argumento con la tesis y finalmente, una conclusión. Esta estructura se origina en la lógica clásica de los griegos cuyo mayor exponente fue Aristóteles, a quien se le considera su creador. La lógica clásica era el discurso mediante el cual se creaban argumentos filosóficos que pretendían hallar un conocimiento preciso acerca de todas las realidades finitas e infinitas. La unidad básica del discurso filosófico la constituye el silogismo, el cual tiene la siguiente estructura: premisa mayor, premisa menor y una conclusión lógica que se deriva necesariamente de la relación entre las dos premisas. Cabe indicar que la lógica, que también debe estar presente en un ensayo, no se ocupa de la verdad o falsedad de la conclusión, sino de que ésta se derive lógicamente de las dos premisas. Es por eso que existen conclusiones que son falsas aunque estén lógicamente derivadas de la premisa mayor y de la premisa menor.
Para el caso que no ocupa, debemos indicar que las tesis que defendamos en nuestro ensayo argumentativo, estará estrechamente relacionada con el tema lógico que acabamos de reseñar en el párrafo precedente. Esta relación se da cuando encontramos que una tesis está conformada por una variable A y una variable B. Para utilizar términos de la investigación, digamos que la variable A es la variable independiente, la cual afecta directamente a la variable dependiente, que en este caso hemos denominado variable B. La manera lógica como se presenta esa influencia de la primera sobre la segunda, es la conexión lógica entre las dos. Cuando esto ocurre objetivamente, se da lo que en el ya mencionado campo de investigación se conoce como validez interna del experimento.
Siguiendo el clásico modelo estructural de introducción, nudo y desenlace, que en algunos autores reciben diversos nombres, adentrémonos en cada una de estas partes y su explicación. Digamos que el primer párrafo, como es obvio, debe contener la introducción. Así las cosas, la primera frase de este primer párrafo, debe contener la referencia a la variable B, o sea la variable dependiente, que es causada por la otra variable, la variable A. La segunda frase y las siguientes son complementos de la primera, que darán cabida en ciento punto intermedio a una frase puente o frase al final de la oración anterior. Finalmente, la última oración de este primer párrafo es la conexión lógica entre las dos variables. Se trata de mencionar solamente la relación entre las dos variables, sin que necesariamente se exponga la forma en que tal relación se da.
El segundo párrafo, en su primera oración contiene la variable A, que como dijimos anteriormente, es la variable independiente y por tanto, la causa de la variable A. Las frases subsiguientes vienen a ser ideas secundarias que refuerzan la idea anterior. Las últimas oraciones de este segundo párrafo son referencias a la variable B, a manera de retorno a la tesis.
Los párrafos siguientes tienen la misma estructura del anterior, donde la primera y siguientes frases son atinentes a la tesis A y la última hace lo propio, pero con referencia a la variable B. El segundo párrafo se llama el primer argumento a favor de la tesis que se sostiene y estos otros párrafos intermedios son segundos argumentos. Pero, como ya indicamos en una anterior referencia a la lógica, el argumento como tal no se encuentra en la referencia a una variable en particular, ya sea esta la A o la B, sino en cómo se da la afectación de la primera hacia la segunda. Es decir, el cómo se origina la segunda variable de la primera es lo que constituye el argumento.
El último párrafo del ensayo en su primera oración debe contener una reiteración de la tesis y en las siguientes, unas recomendaciones en función de la tesis. Las últimas oraciones son consideraciones a futuro a favor de la tesis.
Previa a la redacción del ensayo, deben seguirse los siguientes pasos para obtener un producto de óptima calidad:
1. Determinar el contexto. Es fundamental saber el escenario para el cual se crea el texto. Es bueno tener en cuenta que el contexto para el cual se crea un ensayo generalmente coincide con el contexto en el cual nace. La rigurosidad del escrito depende en gran medida de cómo se tenga en cuenta el contexto en el cual se desenvuelve.
2. Delimitar el tema. En este punto es bueno tener en cuenta que el método deductivo es de gran utilidad. En él se desarrolla un movimiento desde lo general hasta lo particular. Las tesis que pretendemos defender, o eventualmente atacar, tienen la pretensión científica de ser principios universales. Sin embargo, ellas no existen solas, sino que están ayudadas por otras, de carácter menos, que tienen relación con el sistema general, pero que presentan la característica definida como subtemas. Antes de comenzar a realizar un escrito tenemos grandes pretensiones, que tal vez rebasen nuestra capacidad, el tiempo o el espacio. Por eso debemos ir cada vez excluyendo temas que no hagan parte de la columna vertebral de lo que queremos tratar. En esta delimitación del tema debemos tener extremo cuidado con excluir elementos que sean fundamentales en la estructura que pretendemos alcanzar y que obviamente nos va a hacer falta más adelante. No perder la línea es otro de los objetivo. Por ejemplo, si nuestro ensayo está inscrito dentro de a línea de los automotores, no podemos de buenas a primeras resultar hablando de las bicicletas. Como se observa, son temas relacionados y afines pero intrínsecamente distintos.
3. Definir la tesis. La base para comenzar escribir se encuentra en el deseo de defender una convicción o de aportar nuevos conocimientos a un tema determinado. En ambas circunstancias, lo hacemos a través de tesis o argumentos. Sin tener clara cuál es la tesis que deseamos exponer, no se puede comenzar la escritura. Es necesario aclarar que no siempre un escrito se trata de defender una tesis. Al contrario, por principios de la dialéctica, precursora de la lógica y culminada con amplio éxito en la época de la modernidad por parte del alemán Hegel, se sabe que toda tesis tiene una antítesis y que podemos comenzar por cualquiera de las dos. Es decir, en nuestro escrito también podemos adelantar la que Popper llamó falsación, consistente en demostrar que una hipótesis en cierta o, en su defecto, que no lo es. Por eso perfectamente podemos llevar a cavo, un ataque, por decirlo de alguna manera, a cualquier hipótesis de amplio conocimiento.
4. Considerar las conclusiones que lógicamente se derivan de la tesis. Es de afirmar que toda tesis trae unas aplicaciones prácticas sobre el mundo real que es el contexto que ya hemos delimitado. Por esto todos los principios científicos que a lo largo de la historia se han demostrado, han traído cambios rotundos o prácticos en el mundo concreto. Si la tesis que pretendemos defender no tuviera un efecto inmediato axiológico, aunque sea tendría un aporte importante que hacer a los cambios de paradigma tan comunes después de la época de la modernidad. Cuando se considera la consecuencia lógica derivada de una tesis, conlleva a replantear nuestros puntos de vista. Es allí donde radica el sentido de la verdad tan fundamental en los textos argumentativos.
5. Explicitar los argumentos que van a servir para demostrar la validez de la tesis propuesta. En este punto es necesario anotar antes de redactar, todos los argumentos que lleguen a la mente, sin importar la calidad de los mismos. Es una manera de volcarse sobre el horizonte argumentativo para tener en frente todas las opciones posibles, y luego escoger los más adecuados.
6. Hacer una primera selección de los argumentos. Desde cualquier punto de vista este procedimiento no arroja la argumentación definitiva, puesto que se trata sólo de una exclusión de aquellas razones que no son congruentes con al tesis.
En un segundo gran momento encontramos el borrador del ensayo. Es muy común entre todos nosotros hacer solamente una redacción y dejarla como definitiva, lo cual implica dejar muchos errores en el producto final. Sin el ánimo de ser perfeccionistas, tenemos que decir que no es para nada conveniente hacer una sola redacción inicial. Tampoco podríamos decir cuántos intentos son necesarios con seguridad. Sólo sabemos que no es uno sólo.
Dentro del proceso de realización del borrador tenemos los siguientes pasos:
1. La introducción: se trata de exponer de manera sintética el tema en su generalidad, la tesis que se desea defender y la ubicación contextual de la misma. Para ello existen diversos pasos:
a. Escribir una primera oración para ubicar el tema. Esto se logra mediante la exposición de sólo una de las variables del tema. No necesariamente tiene que ser la A o la B. Esto lo decide el autor, teniendo en cuenta cuál es la que exige el contexto.
b. Redactar una o varias oraciones secundarias que respalden esa primera oración.
c. Establecer un conector entre estas primeras oraciones y la tesis como tal. Por muchas razones que haya en el texto, si no se encuentran debidamente entrelazados, más aún, si no se demuestra la influencia de una variable sobre la otra, la tesis carecerá de fundamento. Aquí algo similar ocurre a lo del mundo del derecho: no importa quién tiene la razón. Lo importante es quién la seña demostrar.
d. Llega el momento de escribir la tesis como tal. Aquí es de suma importancia insistir en que todo depende de la manera cómo se demuestre la relación entre las variables pues, sin dicha conexión, no existe ninguna tesis propiamente dicha.
2. El desarrollo. Cada uno de los argumentos se desarrolla en un párrafo propio. Es bueno seguir el siguiente orden, pero el mismo no es estricto.
a. Escribir el argumento específico en la primera oración del respectivo párrafo.
b. Las oraciones sucesivas serán las ideas secundarias que expliquen el argumento antes reseñado.
c. En la parte final de cada párrafo, mediante varias oraciones, se debe explicar la relación existente entre cada argumento y la tesis general.
d. Una o varias predicciones de cara al futuro será lo que exprese cada oración final en cada párrafo.
El tercer y último momento en redacción del ensayo es la revisión. Díaz Barriga y Hernández señalan que la revisión no es un hábito muy afianzado entre los estudiantes actuales y que cuando se hace, se centra la atención única y exclusivamente en aspectos superficiales, siendo estos los únicos que reciben mejoría. Se fijan solamente en los detalles descuidando lo fundamental. Es allí cuando se puede llegar al extremo tantas veces mencionado, en que los árboles no permiten ver el bosque. Para evitar este fenómeno, se pueden seguir ciertas recomendaciones como las siguientes:
1. Tener en cuenta la coherencia. Es preciso definir claramente que los argumentos deben estar en función de la tesis y que las conclusiones no son un inventario de los mismos, sino que se trata de unas derivaciones lógicas de las relaciones entre premisas.
2. Utilizar el punto como separador tajante de cada uno de los argumentos. La buena utilización de este signo de puntuación favorece la buena comprensión de un potencial lector. De todos modos, es indispensable aclarar que la comprensión de un potencial lector no debe presentar univocidad, ya que desde el punto de vista hermenéutico, un lector o intérprete del texto no se aproxima al mismo desde una posición completamente neutra, sino que está envuelto en una serie de circunstancias, incluidas las que envuelven al mismo texto y que para cada uno pueden ser diferentes, dependiendo del horizonte fenomenológico desde el cual se aproxime. No es lo mismo un texto determinado para un artista que para un niño que está aprendiendo a leer y que sólo le interesa el desarrollo de su habilidad lectora sin detenerse en el contenido. Por eso debemos tener muy en cuenta la hermenéutica analógica de la que habla Carlos Bouchot, quien señala que su teoría pretende ser un punto de encuentro y reconciliación entre el univocismo y el equivoquismo, sin caer en un relativismo absoluto. Mas, es preciso dejar de lado estas consideraciones y limitarnos a decir que el uso del punto es algo fundamental en cualquier escrito. También su uso depende del estilo de la escritura de cada autor. Algunas veces es un tanto indeterminada la necesidad de usar un punto en vez de un punto y coma en determinado sitio.
3. La estrategia discursiva también es muy importante. Se trata en últimas de convencer. Los antiguos expertos en retórica y los demás a lo largo de la historia han apelado casi siempre al sentimiento del lector. Es esto lo que pretende despertarse.
4. La coherencia entre cada uno de los argumentos debe ser clara y transparente, lo cual va en prode un mejor comprensión por parte del lector. Indudablemente es necesario tener muy en cuenta el tipo de público al que se dirige el escrito. Su nivel cultural, su habilidad lectoescritora, sus ideas impuestas desde la cultura, etc.
En realidad, hacer un ensayo es todo un arte y no se debe emprender una tarea tal a la carrera. Ni los escritores más famosos del mundo han tenido la capacidad para producir un buen texto en un solo intento. Tampoco podemos esperar que nosotros lo hagamos. Más bien, debemos adoptar un método riguroso y lógico que nos permita la expresión de nuestras ideas a través de la coherencia y la demostración. Invitamos a todos aquellos potenciales escritores a que sigan esta buena norma de comunicación para mejorar la producción de conocimiento y las relaciones humanas.
BIBLIOGRAFÍA
ALONSO, Martín. Redacción, análisis y ortografía: textos para los estudios de cultura general. Ed. Aguilar, Madrid, 1969
MAQUZO, Ana María. Redacción. Ed. Limusa Noriega Editores, México 1996.
SÁNCHEZ PÉREZ, Arcenio. Redacción avanzada. Ed. Thomson, México 2005.
NIÑO, Víctor Miguel. Redacción a su alcance. Ed. Norma, Bogotá, 1980
BROWN, Fortunato. Textos informativos, breves y claros: Manual de redacción de documentos. Ed. Octaedro, Barcelona, 2003.
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